domingo, 18 de mayo de 2014

Viñarock

Bienvenidos una semana más a En el drama de mi vida, no temáis porque en principio hasta el próximo mes no tengo ningún viaje programado así que cada fin de semana (si mis faceta culinaria me lo permite) habrá un nuevo drama para vosotros. Como veréis a mí la casa no se me cae encima, soy de esas personas que no le ve sentido a estar sin hacer nada a no ser que esté durmiendo o enferma, y en este último caso soy muy dada a dormir así que... O estoy abrazada a Morfeo o necesito que me de el aire. 
Eso fue lo que me pasó el último fin de semana, que en mi ciudad fue de cuatro maravillosos días, por circunstancias de la vida todo el mundo salía de viaje y yo por un momento me vi sola y aburrida en mi casa a punto de lanzarme por la ventana. En aquellos instantes de caos me ofrecieron ir a un festival con un grupo de amigos y, tras unos segundos de duda acepté sin pensar mucho a lo que me enfrentaba. Es posible que la jarra de cerveza que me había tomado junto con mi mala metabolización del alcohol (vamos, que con 2 cañas estoy como las grecas) tuvieran algo que ver.
Os pongo en contexto por si no me conocéis del todo: no es que jamás en mi vida hubiera acampado, que sea incapaz de dormir más de una hora en un lugar que no sea una cama y que si paso más de dos días sin darme una ducha me pongo de mal humor... Es que la idea de dormir en una tienda de campaña y pasar unos días acampando me provocaba auténtico pavor. Pero eso no lo pensé hasta que había dado mi palabra de que iría al festival. Pero por otro lado era eso o quedarme sola durante todo el puente y enfrentarme a escuchar a la vuelta todas las historias de los demás de lo bien que se lo han pasado mientras yo veía Xplora sin parar.
Un minuto de silencio por este y otros canales desaparecidos.

Como imaginaréis tuve que pedir una mochila, ya que mi sentido común me decía que llevar una maleta con ruedas no iba a ser bueno para adaptarme al ambiente
Así que me tocó pedir un saco para dormir y miles de consejos a mis amigos para saber que unos tapones para los oídos se pueden convertir en el mejor invento del mundo porque hay una cosa llamada rave (lugar desde donde la gente se junta a cualquier hora del día, y destaco lo de cualquier hora, para escuchar algo parecido a: pum pum pum pumpumpum pum pum y que se puede oír desde cualquier lugar del festival) que a lo mejor me impedía conciliar bien el sueño.
¡Benditos tapones!

Menos mal que encontré un alma caritativa que compartió su tienda de campaña conmigo y que, comparada con las demás, aquello era el palacio de Liria. ¡Teníamos hasta colchón! No recordaba tanto lujo almacenado en una mochila...
Pero más allá de la acampada, el festival era de música así que tocaban unos 30 grupos por día de los cuales yo conocía en total a ¿tres? Pero eso tampoco era problema para mí, yo que me veía durante cuatro días mirando el sol por la ventana mientras en la televisión aparecía gente dándose el primer baño de la temporada, que lo que menos me importaba era pasar el puente entre tiendas de campaña y escuchando música que ni conocía ni me entusiasmaba.
Aprendí un montón de cosas, más allá de la importancia de los tapones. Por ejemplo que por mucho baño portátil que pongan a partir del segundo día (siendo muy optimistas) el olor que desprenden se percibe desde los Pirineos así que lo más sensato es fusionarte con la naturaleza, buscar un matorral discreto y dejarte llevar.
Olvídate de ducharte, a mi me costó asumirlo pero si los baños son zona de guerra imagínate las duchas. Lo más sensato es llevarte cantidades industriales de toallitas jabonosas, de esas de bebé, que aún en condiciones extremas yo soy muy limpia y llevaba una muda para cada día.

Aprendí también que es posible desayunar kebabs o bocadillos de chorizo frito sin ni siquiera parar a plantearte qué estás haciendo con tu vida y tu metabolismo, y ya no es eso, sino que lo ves la cosa más lógica del mundo y si alguien te ofrecía unas galletas tu le mirabas con cara de estupefación: "¿Galletas a esta hora? ¡Pero si ya son las 11 de la mañana!"
La supervivencia se activa cuando el entorno no te es familiar, así que durante cuatro días procuré comer lo menos sólido posible (que luego el cuerpo te pide expulsarlo y yo la unión con la naturaleza aún la llevo en periodo de adaptación), huir de los pogos como de la peste (un pogo es un forma de bailar en los conciertos que consiste en hacer un círculo mientras te golpeas amistosamente con los demás, llámame rara pero no es mi estilo) y retener el mayor número de detalles posibles para poder contároslo a todos vosotros como si hubierais estado allí.

Os confieso así en bajito que el año que viene quiero volver, no se si será que me lo esperaba tan horrible que hasta me gustó. No sabría deciros, voy a reflexionar sobre ello. ¡Gracias por leerme!

1 comentario:

  1. jajajajajajajaja me encantaaaaaaa, hoy estabas especialmente sembrada eh? xD

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