sábado, 30 de agosto de 2014

Y si...

Bienvenidos una semana mas a En el drama de mi vida, tras mis breve pero intenso periodo vacacional he vuelto tal y como os prometí para seguir quejándome de cada cosa que me ocurre.
Lo estáis deseando.

¿Qué tal os han ido estas semanas? A mi fenomenal aunque actualmente me encuentre inmersa en lo que se denomina "síndrome postvacacional", el cual hace que me sienta un ser solitario, miserable y extremadamente agotada. La jornada intensiva llega a su fin, cada vez dura menos el sol en la piscina y el moreno de mi piel se va difuminando a la vez que los presentadores sustitutos de la televisión se despiden hasta navidad. ¿Por qué lo bueno dura tan poco?
A pesar de ello, una parte de mí deseaba volver a la rutina en la que tan cómoda me siento. Lo que más odio de viajar es tener mis cosas desordenadas, así que tengo la necesidad de colocar mis enseres personales (ropa, zapatos, artículos de aseo, etc.) cada vez que llego a un hotel o casa que me acoga durante unos días. Necesito sentirme como en mi casa, necesito abrir el armario y ver mi ropa colgada en perchas sin que esté arrugada o repartida por toda la habitación
O ir al cuarto de baño sin necesidad de abrir el neceser para preguntarme si me he vuelto a olvidar la pasta de dientes.

Volviendo al tema de esta semana, supongo que no habré sido la última que ha odiado hasta la extenuación en anuncio del extra de verano de la ONCE.
¿A que acabasteis tarareando lo de "supergrande, gigante, dimensional ..." a pesar de odiar el anuncio? Me alegra no ser la única. Pero el tema no va de anuncios cansinos, va del efecto que tiene la lotería en general sobre nuestras vidas, me explico.

La primera vez que escuché este anuncio lo único que me vino a la cabeza es que si aún quedaba un mes para el sorteo, y ya no podía soportar la canción, la vida se me iba a pasar muy pero que muy lenta durante las próximas semanas.
En ningún momento se me pasó por la cabeza ir a comprar un cupón a ver si me tocaba ese premio tan "planetario, enorme, sensacional", lo prometo.

Pasaron los días hasta que un compañero de trabajo comentó que había comprado un cupón y que estaba convencido que le iba a tocar. ¿Perdona?
Ahora si que me habían entrado ganas de jugar y no con el dichoso anuncio, lo que me faltaba es que le tocara a quien trabaja a mi lado y yo haciendo el imbécil. "Yo también he comprado" respondí mientras me informaba qué día era el sorteo, buscaba dónde había un puesto de la ONCE cerca de mi casa y me ponía un aviso en el móvil.
No me miréis así porque a todos nos pasa lo mismo, y si no me diréis que en navidad compráis lotería porque os gusta el juego... Aquí todos compramos porque no queremos ni imaginar qué pasaría si toca el número que juegan en la oficina que todos llevan menos tú.
¿Sabes lo peor? Que todo somos iguales, esto se convierte en un círculo vicioso y al final te acabas gastando 200 € en lotería de los cuales como mucho te toca una pedrea que te hace tan feliz que no te paras a pensar que en el fondo acabas de perder 180 €.

Otra cosa muy típica que nos ocurre cuando compramos lotería (por que nos gusta jugar, claro que si) es que empezamos a imaginar lo que haríamos con toda esa pasta inmensa que nos puede tocar en un momento, y entramos en lo que yo denomino "fase y si": ¿y si me toca? me compro una casa que ya estoy harta del alquiler, ¿y si me toca? dejo de trabajar y me monto una empresa para no aburrirme, ¿y si me toca? doy la vuelta al mundo.
De repente sentimos un déjà vu con el cuento de la lechera y decimos aquello de "bueno, no quiero ilusionarme porque esto no toca casi nunca, y luego con lo que te quita Hacienda...", ¡pero mientes! En tu cabeza te sigues imaginando qué le vas a decir a tu jefe mientras le haces un calvo y firmas tu carta de renuncia.
Finalmente llega el día del sorteo y no te coincide ni un número pero, lo que es más importante, a tu compañero tampoco así que respiras tranquilo mientras rezas porque no le de por jugar todas las semanas al Euromillón o te acabarás arruinando.

Os dejo por hoy que la vuelta a la rutina me tiene agotada, pero no estéis tristes por que volveré pronto.
¡Gracias por leerme!

jueves, 7 de agosto de 2014

¡Felicidades!

Bienvenidos una semana mas a En el drama de mi vida. ¿Qué tal van esas rebajas? Yo resisto la tentación de los correos electrónicos como buenamente puedo, aunque lo que puedo soportar es el anuncio de El Corte Inglés. Los diálogos, esa musiquita tonta de fondo..
Dani Rovira, cuando te limitabas a los monólogos molabas y para muestra un botón:
Pero ya hablamos bastante de rebajas la semana pasada así que, como os anticipé ese día, hoy quiero hablar de cumpleaños coincidiendo que el mio fue recientemente. Si lleváis leyéndome desde el principio de los tiempos posiblemente recordéis que hace un año también hable de ello.
Pero no os preocupéis porque no tengo intención de contaros lo mismo de nuevo.

Para quien no lo sepa os cuento que mi cumpleaños es el día más especial de todo el año, en cuanto llega el día uno de ese mes y durante las siguientes tres semanas mi cabeza empieza a planificar cómo voy a celebrarlo, con quién y demás detalles que os conté en la entrada del año pasado.

¿Entonces, de qué voy a hablar esta vez? De las felicitaciones, ya que para alguien como yo que le da tanta importancia a este día el hecho de que los demás se acuerden no es trivial aunque con el paso del tiempo las formas han ido variando.
Cuando eres pequeño te llama tu familia aunque realmente quienes hablan con ellos son tus padres, tu te limitas a dar las gracias al tío o abuelo de turno para rápidamente devolverle el teléfono a quién te metió en semejante marrón. Si cumples años en época escolar puedes celebrarlo con tus amigos de clase previa distribución de aquellas míticas invitaciones.
¿Os acordáis? Y sin olvidar esas bolsas de caramelos que el cumpleañero de turno iba paseando por la clase para deleite de todos los compañeros. 

En mi caso, al caer mi aniversario en pleno verano, me ahorraba todo eso hasta que harta de no recibir regalos adelanté la celebración a final de curso.

Cuando llegué a la adolescencia si no tenías messenger y móvil no eras nadie, así que cuando el día D (o mejor el día C) llegaba tu mejor amigo del momento era aquel que te felicitaba a las 00:00 horas. 
¡Eso si que era amistad! No solo te gastabas el dinero en un mensaje de texto, sino que además tenías que mantenerte despierto hasta la madrugada para currarte una buena felicitación. El cumpleañero debía responder rápidamente con una llamada perdida como diciendo "¡gracias!" porque claro, como tuvieras que enviar un sms a todo el mundo te arruinabas y, al menos en mi caso, tenías que aguantar con una recarga de 5 € todo el mes

Con la llegada de las redes sociales que te avisan de los cumpleaños el tema ya ha perdido emoción, ¿qué mérito tiene que un amigo te felicite vía Facebook cuando la aplicación que tiene en el móvil se ha encargado previamente de avisarle? Eso si, ahora te felicita más gente porque a los amigos hay que añadir los múltiples conocidos que tienes como contactos. Ya nadie felicita por mensaje de texto, si acaso se trata de alguien más cercano te manda un whatsapp como queriendo decir "¡¡mira!! nadie me lo ha recordado" o "si me lo ha recordado el móvil pero hago el esfuerzo de cambiar de aplicación para que veas que me caes bien". Cuando te felicita alguien que no te tiene en Facebook ¡te da una alegría!
Si te llaman es que es amistad verdadera.

Entiendo que ya no es como con los sms que quién te felicitaba no sabía si te había llegado su mensaje hasta que no le hacías una perdida, ahora con las redes sociales sabes que tu felicitación ha llegado pero hombre... ¿Cuesta mucho responder un "Gracias <nombre>, un beso"? No cuesta dinero y tardas 5 segundos.

Entiendo que cuando te felicitan 30, 40 personas casi a la vez (esto suele darse por la tarde cuando todo el mundo sale de trabajar) se te acumula el trabajo y hasta varias horas después no puedes responder, pero si ya ni siquiera pones un "Me gusta" en el comentario es que eres vago y mala persona.
Soy muy radical en ese sentido, es posible, pero conozco casos de gente que pone su cumpleaños mal adrede para ver quién le felicitaba porque sabe cuál es el día o el que lo hace porque se lo recuerda la red social de turno.

¿Vosotros de qué tipo sois? ¿Os da igual que os feliciten, sois de los que llaman, de los que no contestan a las felicitaciones? Os dejo reflexionando unos días ya que me marcho de vacaciones, aunque como nunca dejo de pensar en vosotros volveré con dramas nuevos y renovados.
¡Gracias por leerme!